Paquistan. Campo Base del Nanga Parbat,  7 de julio de 2005.

 

Probablemente fue la Expedición más dura que he vivido. Después de 20 días en el Campo Base y superado el Muro Kinshofer, sufrimos un fatídico accidente que le costó una fractura de cadera a Raquel Pérez. Aquello me hundió psicológicamente y regresé con la cumbre. Pero aquello me enseñó muchas cosas que no hubiera aprendido de otra manera.

 

 

Juan Diego Amador desiste en su intento de escalar el Nanga Parbat (8.125m.). Un accidente a principios de la Expedición y el mal tiempo reinante le han ido restando fuerzas y ánimo. aún así, haber escalado hasta los 6.500m. es todo un logro, pues en pésimas condiciones ha conseguido superar la parte más técnica de una de las montañas más difíciles del Plantea. Con tres ochomiles en su haber, a buen seguro la retirada ha sido una sabia decisión.

Después de varios días de intensa nubosidad y alguna tormenta eléctrica, el 2 de julio decidimos salir a instalar el Campo 3. Esa misma tarde llegamos al Campo 1, donde descasamos un par de horas. A las 4:00 de la madrugada, ya del día 3, salimos hacia el Campo 2, a donde llegamos a las 10:00 de la mañana, después de superar por segunda vez el muro Kinshofer. El resto del día lo pasamos descansando e hidratando en el interior de las tiendas. Al anochecer, observé con cierto nerviosismo que desde el fondo del valle ascendían grandes masas de nubes.

A las 5:00 de la mañana del día 4 salimos de las tiendas con la esperanza de llegar al Campo 3. Al dejar atrás el Campo 2 se asciende por un terreno mixto de roca y hielo que conduce a una afilada arista. Desenterramos algunas cuerdas viejas que aprovechamos para ir uniendo a las que porteábamos. Los primeros copos empezaron a caer.

A medida que ganábamos altura, la luz anaranjada típica del amanecer incidía directamente sobre la bóveda de nubes gris plomizo que dominaba sobre nuestras cabezas. 

Una vez superada la arista llegamos a una pala de hielo azul cristal de unos 60¬? de inclinación. La nevada era cada vez más intensa, hasta tal punto que la visibilidad se reducía por minutos.

Progresaba obsesionado con la altitud, pues sabía que era imprescindible instalar el Campo 3 para aclimatar a 7.000 m. y así poder hacer un intento de cumbre.

Poco a poco el día se iba oscureciendo y las nubes iban envolviendo el macizo del Nanga Parbat. El altímetro marcaba 6.500 metros y aun quedaban unas tres horas para llegar al emplazamiento del Campo 3. Empecé a ser consciente de que la situación era delicada para seguir ascendiendo y de repente sentí un gran peso; una gran angustia me invadió. No dejaban de venirme recuerdos de esta Expedición y el desánimo se fue adueñando de mí.

Encendí la emisora y llamé al Campo Base para comentar la situación. Desde abajo nos dijeron que había una predicción pésima: "viento en altura e intensas nevadas".

Era evidente: tocaba darse la vuelta (con todo lo que suponía). Los ojos se me encharcaron y tuve que parar. Pronto recuperé el aliento y la visibilidad. Seguí ascendiendo, negando la realidad. En pocos minutos pasé de soñar con la cumbre, a sentir que todo había acabado. Sabía que si esta vez no lograba instalar el Campo 3, no me quedarían días suficientes para intentar coronar. 

No quería renunciar a volver a respirar ese aire podrido de allá arriba y seguí ascendiendo por un rato. Dudé mucho, pero lentamente fui descendiendo el ritmo de ascensión hasta que me paré. A la vez que visualizaba todo a mi alrededor, iba cambiando las herramientas de ascenso por las de descenso y, lentamente, me fui descolgando por las cuerdas recién instaladas. 

Se terminó. Han ido pasando los días y con ellos las semanas. Concluye mi estancia en esta montaña y termina mi intento de escalada al Nanga Parbat. Ella permanecerá aquí. Seguirá siendo un sueño para muchos alpinistas y un logro para unos pocos (entre los que esta vez no me toca estar). 

Tengo la suerte de haber coronado tres cumbres superiores a  8.000m.  y venía con ganas de lograrlo por cuarta vez, pero el Nanga Parbat se ha negado a abrirme sus brazos desde que llegué. 

Intensas nevadas, el accidente en el Campo 1, la actitud aprovechada de otras expediciones y el paso de los días me han ido restando fuerzas y ganas. Aun así estoy satisfecho con el trabajo hecho y con lo aprendido aquí.

Hoy es un día distinto a los cuarenta restantes que llevo viviendo a los pies del Nanga Parbat. Es un día muy distinto porque el resto de los días he mirado hacia la cumbre con esperanza, confiando en que a pesar de los inconvenientes, podría coronar. Pero hoy, muy a mi pesar, desisto. Abandono mi particular lucha por conquistar lo inútil.

Casi me había olvidado de esta sensación que produce no rematar la faena; la frustración que produce no poder volver a superar la mítica barrera de los 8.000m. Me hubiera gustado volver a ver el mundo a vista de pájaro y llevar una maravillosa foto desde la cumbre, pero esta vez no podrá ser.

A pesar de la pena que me acompaña durante el descenso, de la angustia que me aprieta la garganta, de mi lucha interna por entender qué ha ocurrido y asumir que esta vez no podrá ser, a pesar de todo, quiero ver la mochila medio llena. 

Este año me voy sin coronar, sin la guinda del pastel, pero soy consciente de que ha sido una Expedición muy difícil y con muchos incidentes en una de las montañas más difíciles del Planeta. Así que aunque esta vez no lograra coronar, he superado la parte más técnica de la montaña y he luchado hasta el último momento, pero lo más importante, en la mochila me llevo nuevas y buenas experiencias que me servirán para otras montañas.

Envío un afectuoso saludo a quienes hayan seguido estas crónicas y mi agradecimiento por los múltiples mensajes cargados optimismo que me han hecho llegar. Les prometo que me han servido para animarme durante las gélidas jornadas en alto Himalaya.  

El último párrafo lo dedico a mis patrocinadores, a quienes agradezco doblemente su apoyo. Tanto por hacer posible esta Expedición, como por entender que la esencia del alpinismo radica en lo circunstancial y azaroso que supone llegar a la cumbre.

 

"El ultimo paso depende del primero".       

 

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